Colaborador del Regnum Christi | Henry Grzeski: “Puede ser que el único Evangelio que escuche alguien sea el que yo refleje en mi  vida diaria”

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“Después de mi conversión pasó un tiempo en donde estaba descubriendo mi fe. Empecé a leer los evangelios. Aunque tuve mi conversión en una Adoración, me costaba entender muchas cosas”, explica Henry Grzeski, un joven alemán que ha vivido este año en Madrid como colaborador del Regnum Christi. Desde su experiencia, comparte cómo la misión transforma, reta y, sobre todo, enseña a vivir una vocación desde la entrega cotidiana.

“El apostolado y la misión te van forzando mucho, pero también aprendes. En unos momentos es duro y en algunos, muy bonito, pero es siempre para Dios”, afirma. Henry ha dedicado su año de colaborador del Regnum Christi en Everest School Monteclaro y en la Universidad Francisco de Vitoria, y ahora regresa a Alemania con el deseo de seguir siendo testigo del Amor de Cristo en su vida diaria.

 

Henry, con otros colaboradores
Henry, con otros colaboradores.

 

¿Cómo vives tu vocación como laico del Regnum Christi?

Soy converso y conozco el Reino desde hace unos dos años, aunque estoy incorporado desde hace poco más de un mes. Para mí, ser laico del Regnum Christi es dar testimonio del Amor de Cristo cada día. No se trata solamente de ser creyente e ir a misa, sino de vivir por el amor de Cristo y querer enseñar este amor a otros.

Ser laico del Regnum Christi es dar testimonio del Amor de Cristo cada día con tus acciones, tus ideas y tu manera de amar al prójimo.

Pero no es solo predicar: es con tus acciones, tus ideas y tu manera de amar al prójimo. Un padre me dijo una vez que, “si se perdiera la Biblia hoy, se tendría que escribir de nuevo a través de ti, y es que puede ser que el único Evangelio que escuche la persona que tienes delante sea cómo tú lo reflejas en tu vida diaria”.

 

Eso es lo que trato de ser como laico, aunque no somos perfectos. Creo que también el tiempo personal con Dios es lo que sostiene la fe que nos ha sido dada. Sin ese tiempo de silencio en la adoración o en la casa con el Rosario, no sería posible vivir la vocación del Regnum Christi.

 

¿Qué te llevó a decidir como laico dar un año de tu vida como colaborador del Regnum Christi? ¿Cómo surgió esa inquietud?

Después de mi conversión pasó un tiempo durante el que estaba descubriendo mi fe. Empecé a leer los evangelios. Aunque tuve mi conversión en una Adoración, me costaba entender muchas cosas de la fe.

 

En ese tiempo de aprendizaje, he descubierto la paz del Señor, al final de unos meses de búsqueda fui a un encuentro con Cristo. A partir de ahí participé de forma más cohstante. Desde antes, mi madre siempre había querido que fuera colaborador. Pero yo siempre dije que no quería… Hasta que un día me lo planteó otra vez y dije que sí: hubo como un deseo de ir.

 

Unas semanas después me fui hablar con un legionario en la Apostólica en Alemania y juntos vimos que sí había un deseo. Me dijo que fuera al cursillo de formadores en Roma, el IFC, y que si veían que estaba listo, podría ser colaborador.

 

Henry, con sus padres
Henry, con sus padres, personas clave en su vida de fe.
La vida del colaborador es una entrega total por un tiempo concreto. ¿Sientes que ha sido un antes y un después? ¿Qué ha significado para ti vivir este año así, en clave de misión?

Definitivamente hay un antes y después. Vives un año con sacerdotes, vas rezando mucho más que antes, y vas creciendo mucho. Con solo preguntar a unos de los padres con los que vives aprendes mucho más de le que crees.

 

El apostolado y la misión te van forzando mucho pero también aprendes. En unos momentos es duro y en algunos muy bonito, pero es siempre para Dios. Tú vas dando para los otros y vas dándote cuenta que Dios te da mucho más a ti en retorno, mucho más de lo que te merecerías.

 

Henry, con otros jóvenes en misiones maya en México
Henry, con otros jóvenes en misiones maya en México.

 

¿Qué has descubierto de Dios -y de ti mismo- en este tiempo de servicio y formación?

He descubierto mucho el amor y el perdón de Dios. Que Dios me ama incondicionalmente. De mí, descubrí que tengo mucho más que aprender y que no soy tan sabio como pensaba.

 

¿Qué te espera ahora, cuando vuelvas a tu casa con los tuyos?

Espero que pueda llevar a casa unas cosas que he aprendido y que pueda dar Testimonio del Amor de Cristo también en casa. También que no me vaya tan mal con los estudios.

 

¿Qué dirías a un joven que se está planteando hacer un año de colaboración?

Que escuche a Dios y hable con un sacerdote que le pueda aconsejar. Y que no tenga miedo a lanzarse, Dios es fiel y quiere lo mejor para ti.

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