
Colegio Real Monasterio de Santa Isabel | Jorge San Nicolás: “Queremos formar a nuestros alumnos en un liderazgo que sea testimonio de la Verdad y docilidad a ella”
LomásRC
Esta iniciativa del colegio Real Monasterio de Santa Isabel se enmarca en un programa más amplio de liderazgo y servicio, desarrollado en colaboración con la Universidad Francisco de Vitoria, que busca formar desde edades tempranas a alumnos capaces de transformar su entorno desde las virtudes. Inspirado en el modelo educativo del Regnum Christi, el programa pone en el centro la formación del carácter a través de valores como la humildad, la generosidad, la audacia o la perseverancia, conectándolos con experiencias reales de compromiso y cercanía.

¿Qué tipo de liderazgo deseáis inculcar en los alumnos a través de este programa, y cómo se diferencia de otras propuestas más tradicionales?
Jorge: Estamos acostumbrados a asociar el concepto de liderazgo a personas excepcionales, con grandes cualidades y talento natural. Lo cierto es que todos llegamos a este mundo con muchos regalos de serie. Algunos de estos regalos los descubrimos, disfrutamos y compartimos y otros quedan latentes. Hay un regalo en forma de deseo que nos ha tocado a todos: el deseo de vivir una vida grande y plena. A este deseo le acompaña una capacidad a la que llamamos liderazgo y según el contexto, la educación recibida y otros factores podemos desarrollar en mayor o menor medida. Siguiendo el modelo propio de colegios RC el núcleo de la formación para el liderazgo es la formación del carácter por medio de virtudes morales como la humildad, la generosidad, el optimismo, la audacia, la perseverancia y, sobre todo, las cuatro cardinales: Prudencia, fortaleza, templanza y caridad. El liderazgo en que queremos formar a nuestros alumnos se base en la capacidad de gobernarse a sí mismos e influir positivamente en los que les rodean, en ser testigos de la Verdad y dóciles a ella, más que a la aprobación de los demás, en servir más que en brillar.

¿Cómo surgió la idea de organizar desayunos con personas mayores en situación de soledad no deseada, y qué papel juegan los niños en esta iniciativa?
Sheila: La idea nació a raíz de una reunión muy inspiradora con Pepelu, de la Universidad Francisco de Vitoria, donde se nos presentó la necesidad de abordar la soledad no deseada en las personas mayores, un problema muchas veces invisible pero muy presente en nuestros barrios. Desde el año pasado ya empezamos haciendo una visita mensual a la residencia de gente mayor del barrio y vimos que era muy beneficioso tanto para los mayores como para los pequeños por lo que decidimos lanzarnos esta iniciativa.
Como tutoras, siempre hemos sentido que nuestros alumnos son muy afortunados en muchos aspectos, y desde hace tiempo queríamos buscar una forma de conectar su realidad con un compromiso hacia los demás.
El papel de los niños es muy importante, no son solo participantes, son el corazón del proyecto. Su alegría y espontaneidad tienen un efecto transformador y pueden alegrar con su compañía. A través de estos desayunos compartidos y una sencilla manualidad, los niños ofrecen lo más valioso que tienen: su tiempo y su presencia. La idea es crear un espacio donde la escucha, la compañía y la conexión entre generaciones ocurran de forma natural.
¿Qué valores y aprendizajes buscan que los alumnos de 1º de Primaria interioricen a través de esta experiencia?
Sheila: Queremos que esta experiencia les ayude a desarrollar valores como la empatía, la generosidad y la gratitud. Que aprendan, desde pequeños, que dar a los demás no siempre implica grandes gestos, sino muchas veces simplemente estar, mirar a los ojos, escuchar y compartir un momento.
También buscamos fomentar la conciencia social, es decir, que entiendan que hay personas, incluso muy cerca de ellos, que pueden sentirse solas y que tienen la capacidad de marcar una diferencia. Es una forma de sembrar desde muy pequeños una mirada comprometida, respetuosa y compasiva hacia los demás.

La actividad forma parte del nuevo programa de liderazgo y servicio del colegio. ¿Cómo se integra esta iniciativa en ese marco más amplio de formación?
Jorge: Partimos de la base que el encuentro con el “otro” es una riqueza. Más aún cuando la otra persona es diferente a nosotros, piensa diferente o tiene otra cultura, creencia o edad. En este sentido la diferencia y la necesidad del “otro” es un bien para uno mismo en la medida que me interpela y me obliga a entender y comunicarme con alguien que no es como yo.
En este esfuerzo se da un aprendizaje y un crecimiento incomparable. Siguiendo esta idea la actividad propuesta conecta de forma muy natural con el programa de liderazgo y servicio del colegio. Es fundamental para el desarrollo integral de los alumnos ayudarles a detectar sus talentos, desarrollarlos y ponerlos en juego. De hecho, esta iniciativa pone en valor los contenidos que se imparten en el aula de una forma práctica y experiencial.
¿Cómo ha sido la colaboración con la UFV y qué aporta este vínculo al desarrollo del proyecto?
Jorge: Gracias al impulso de la dirección del centro se ha llevado a cabo un trabajo de colaboración con José Luis Parada y Miguel Jaenicke que ha supuesto un avance muy importante en el desarrollo del proyecto de liderazgo. Ambos han aportado una amplia experiencia, conocimiento y metodología sobre cómo desarrollar un liderazgo auténtico basado en el servicio a nuestro entorno, el barrio de Sarrià.
En este desarrollo conjunto ambos profesionales han llevado a cabo una serie de reuniones de trabajo con equipos de profesores de todas las etapas, miembros del equipo de coordinación y dirección del centro. A día de hoy ya se ha puesto en marcha esta iniciativa que consiste es una serie de encuentros en el colegio entre alumnos y personas del barrio en situación de soledad no deseada. Esta es una de las diversas propuestas que surgieron tras las reuniones iniciales con los equipos de profesores. Nuestro objetivo es seguir impulsando este trabajo para llevar adelante otras iniciativas que den respuesta a necesidades detectadas en nuestro entorno.

¿Qué impacto esperan que tenga esta actividad, tanto en las personas mayores del barrio como en los alumnos participantes?
Sheila: Esperamos que las personas mayores se sientan vistas, acompañadas y valoradas. Que ese rato de desayuno y conversación les regale alegría y una sensación de pertenencia, aunque sea por un momento. A veces, un pequeño gesto puede aliviar una gran soledad.
En los alumnos, esperamos que esta experiencia se les quede grabada como algo especial. Que recuerden que un día, ellos hicieron feliz a alguien solo por estar presentes. Que comprendan que todos, incluso siendo pequeños, pueden aportar algo valioso al mundo.
Creemos que estas vivencias son semillas que ayudan a formar personas más humanas, comprometidas y sensibles con su entorno.
Jorge: Imaginemos cómo sería la vida de una persona mayor que apenas tiene contacto con sus vecinos si de forma frecuente pudiese acudir a un lugar acogedor y familiar en el que compartir su propia vida con alumnos de diversas edades llenos de preguntas y curiosidades con una vitalidad y energía ilimitada. Este gesto es toda una revolución en la vida de estas personas y sobre todo en la de nuestros alumnos a la hora de mirar la realidad con otros ojos y entender la vejez como una riqueza y un legado de sabiduría, experiencia y humanidad incalculable.
¿Qué percepción tienen las familias sobre esta iniciativa? ¿Cómo están respondiendo los padres ante esta forma de vivir el liderazgo desde el servicio?
Sheila: La acogida por parte de las familias ha sido muy positiva desde el primer momento. Muchos padres nos han expresado que valoran profundamente que sus hijos puedan vivir este tipo de experiencias tan humanas desde pequeños. Les emociona ver cómo sus hijos hablan en casa de las personas mayores con cariño, cómo se preparan con ilusión para compartir con ellos, y cómo interiorizan, casi sin darse cuenta, valores fundamentales.
Los padres entienden que esta forma de vivir el liderazgo, desde el servicio, es una enseñanza poderosa. No se trata solo de destacar o tomar decisiones, sino de saber mirar a los demás, detectar necesidades y ponerse al servicio con lo que uno tiene. Eso, vivido desde la infancia, es transformador.
Para muchas familias, esta iniciativa está siendo una oportunidad de reflexión también a nivel familiar, de volver a mirar con otros ojos a los abuelos, a los vecinos mayores, e incluso de hablar en casa de cómo podemos ser más conscientes y más generosos con nuestro tiempo.
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