
“Cristo de la Calle” en Valencia | Anahí López: “El valor de cada persona no depende de lo que tiene o de su situación, sino de que todos somos amados y reconocidos por Dios”
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Anahí López Chávez, de 27 años e ingeniera biomédica, lleva prácticamente toda su vida en el Regnum Christi, desde el Club NET hasta Regnum Christi Profesionales Valencia. Antes de llegar a España, también organizaba este mismo apostolado en México, donde se conoce como Pan y Vida. “No es la primera vez que participo -explica-, pero cada experiencia es diferente: nunca sabes qué personas ni qué historias pondrá Dios en tu camino”.

¿En qué consiste el apostolado de Cristo de la Calle?
Cristo de la Calle es un apostolado que une el altruismo con la evangelización en las calles. Consiste en ofrecer comida a las personas en situación de calle, pero sobre todo, en escucharlas y compartir con ellas el gran amor que Dios tiene por cada uno, sin importar la situación en la que vivan o las circunstancias que los rodeen. Es un recordatorio vivo de que la misericordia y el amor de Dios no tienen límites, y que todos somos dignos de recibirlos.
Como dice el Evangelio de San Lucas (10, 20): “Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”. Este pasaje nos recuerda que el valor de cada persona no depende de lo que tiene o de su situación, sino de que todos somos amados y reconocidos por Dios.
Evangelizar también es contagiar esperanza con gestos simples
¿Cómo te has sentido al entregar las bocatas a estas personas en la calle?
Es un sentimiento único. Aunque llevo años participando en este apostolado -antes en Regnum Christi Jóvenes y Profesionistas Pachuca, en “Pan y Vida”-, nunca se vive de la misma manera, igual que las Misiones en Semana Santa. Cada experiencia tiene su toque especial, porque nunca sabes qué personas ni qué historias pondrá Dios en tu camino.
Cada salida deja vivencias increíbles e inolvidables que me han ayudado mucho en mi vida espiritual y como miembro Regnum Christi.

¿Qué es lo que más te ha sorprendido y gustado de estar en este apostolado?
¡Wow! Es difícil elegir solo una cosa, porque todo lo que se vive en este apostolado es especial.
Si tuviera que destacar algo, diría que me ha sorprendido mucho la entrega del equipo que me tocó liderar. La mayoría eran jóvenes de bachillerato y de primer año de universidad. Una de las niñas incluso llevó a sus hermanos, y el más pequeño me impresionó con su entusiasmo, su generosidad y la manera tan natural en la que se acercaba a las personas sin prejuicios.
Ver esa pureza y alegría en los más jóvenes me recordó que evangelizar también es contagiar esperanza con gestos simples.
Por otro lado, lo que más me ha gustado, sin duda, ha sido ver a Cristo en cada encuentro: en una sonrisa, en una palabra de agradecimiento, o incluso en un silencio compartido. Cada persona a la que nos acercamos refleja una parte del rostro de Dios, y eso transforma el corazón. Este apostolado me ha enseñado que cuando sales a servir, también eres tú quien termina siendo tocado por el amor de Dios.
Participar en Cristo de la Calle te cambia la mirada
¿Qué es lo que más te ha costado de enfrentarte a algo que tú normalmente no vives todos los días?
Creo que lo más difícil ha sido enfrentar la realidad dura que viven muchas personas: ver el sufrimiento, la soledad o la falta de oportunidades. A veces es complicado aceptar que no puedes cambiar su situación de inmediato. Pero justo ahí entra la fe: entender que lo que hacemos, aunque parezca pequeño, puede ser una semilla de esperanza que Dios hará crecer a su tiempo.
Aprendes a valorar más tu vida, a agradecer lo que tienes y a mirar con más amor a los demás.

¿Cómo animarías a las personas que aún no han participado de este apostolado? ¿Quiénes pueden participar?
Les diría que se animen sin dudarlo, que se den la oportunidad de vivir esta experiencia. No se necesita nada más que un corazón dispuesto y abierto. Todos podemos participar: jóvenes, adultos, familias… porque el amor de Dios se comparte mejor cuando se vive en comunidad.
Participar en Cristo de la Calle te cambia la mirada: te enseña a ver a Cristo en cada persona que encuentras y a entender que, al servir, también eres tú quien recibe.
Y como decía la Madre Teresa de Calcuta, “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Creo que este apostolado es justamente eso: una oportunidad para vivir sirviendo y reconocer que, al hacerlo, nuestros nombres ya están escritos en el cielo.
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