
Cristo de la Calle | Javi: “Lo que buscan es ser vistos, escuchados y mirados”
LomásRC
Javi Ortiz es mexicano, pero vive actualmente en Madrid, trabaja en una empresa americana de tecnología y es parte de la sección de jóvenes del Regnum Christi en Madrid. Desde hace aproximadamente un año acude regularmente a las salidas de Cristo de la Calle, un apostolado que combina servicio, escucha y evangelización entre personas sin hogar. En su experiencia, “ver a cada persona como Cristo la vería” ha transformado su mirada y su vida espiritual.

Después de participar en Cristo de la Calle, ¿ qué momento concreto te ha marcado más y por qué crees que te tocó especialmente? Puede que alguna persona que has encontrado…
En cierta ocasión, yo ya llevaba unos ocho meses en el apostolado y habíamos participado varias veces. Nos encontramos con una persona que vívía en la calle y que era transexual: había nacido hombre y se había convertido en mujer. Era de Colombia, y nos sentamos con esta persona en medio de la Gran Vía, con la gente pasando y un teatro justo al lado.
Nos contó cómo sentía que la gente ya no le tenía en cuenta, cuánto había sufrido en su infancia y cómo ese dolor la había llevado a terminar viviendo en la calle. Hubo un momento en el que yo no sabía qué decir; me quedé en blanco. Recé interiormente pidiendo ayuda para saber cómo acompañarla.
Entonces, una chica del grupo sacó un rosario, se lo ofreció y le dijo: “Sé por lo que estás pasando; sé que es durísimo estar aquí en la calle, pero hay alguien que sí puede ayudarte y en quien puedes apoyarte”. Ella sabía rezar algunas oraciones, pero no conocía el rosario, así que se lo explicamos y le enseñamos cómo usarlo.
A mí aquello me pareció precioso y me cambió totalmente la forma de ver el apostolado y de mirar a las personas. Se quedó rezando su rosario, muy feliz. Le dimos también comida, pero lo que más le iluminó fue ese gesto. Entonces entendí cómo un acto pequeño puede cambiarle la vida a alguien.
Lo que buscan es ser vistos, escuchados y mirados
Muchos misioneros dicen que este apostolado “les cambia la mirada”. ¿Qué ha cambiado en ti al encontrarte con la realidad de la calle y escuchar historias tan duras?
Me ha cambiado mucho la forma en que vivo mis días, también cuando no voy al apostolado. Antes no prestaba atención a esta realidad. Vamos por la calle metidos en lo nuestro y casi nunca vemos cuántas personas están ahí, pidiendo ayuda o simplemente solas.
Lo que más me ha cambiado es entender que estas personas quieren ser vistas y escuchadas. Detrás de cada una hay una historia real, a veces dura y a veces muy bonita. Una vez conocimos a una mujer que vivía en la calle y que era de República Dominicana que nos contagió su alegría: estuvimos quince minutos riéndonos y contando chistes.
A pesar de la miseria, la gente —sobre todo quienes tienen fe— siempre encuentra a Dios y también una manera de vivir con alegría. Eso me impresionó muchísimo.

Cristo de la Calle combina servicio, escucha, oración y evangelización. ¿Qué parte de esta experiencia sientes que más te ha acercado a Dios y la que más se necesita?
Lo que más me ha acercado a Dios es aprender a ver a cada persona como Cristo la vería: como hijo de Dios, sin apariencias ni prejuicios. Estoy convencido de que este apostolado, sin oración y sin Dios, sería solo repartir bocadillos.
Lo bonito es descubrir a Cristo en la calle: escucharlo en ellos, acompañarlos y hacer que se sientan mirados por Él. Se trata de reflejar a Cristo para ayudar a los demás, no solo de atender una necesidad material.
Sin oración y sin Dios, el apostolado sería solo repartir bocadillos: Lo bonito es descubrir a Cristo en la calle
Si un amigo te preguntara por qué merece la pena salir una noche a servir, ¿qué le dirías desde tu propia experiencia?
Le diría que cien por cien sí. Cada salida es una historia distinta y ves cómo Dios te toca de maneras nuevas cada vez. Hemos invitado a varios amigos y siempre acaban muy felices, porque descubres una realidad que no ves en tu día a día.
Es como abrir el corazón para dejar entrar el amor y, al mismo tiempo, derramarlo sobre los demás. Vale completamente la pena.
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