
Curso de discernimiento vocacional | P. André Blanchette, L.C.: “La vocación es un don que se recibe y un camino que se elige: Dios respeta la libertad del joven y la impulsa”
LomásRC
El P. André Blanchette, L.C., lleva tres años acompañando como formador en el noviciado europeo de los Legionarios de Cristo. Actualmente dirige, junto con el H. Javier Bendek, el curso de discernimiento vocacional de verano. Participan quince jóvenes de distintas nacionalidades: un español, cuatro italianos, cinco alemanes, tres colombianos, un venezolano y un cubano. “La conciencia de que Dios tiene un plan para sus vidas nace del encuentro con Él, y llena de asombro y sentido”.

Una de las claves del acompañamiento vocacional es ayudar a los jóvenes a descubrir que la vida es vocación. ¿Qué significa para usted “vivir la vida como vocación”?
La vocación cristiana es, ante todo, una llamada a seguir a Cristo. El “cómo” y el “dónde” se van concretando con el tiempo y desde la realidad de cada persona. Pero siempre será una forma de vivir como discípulo y amigo de Jesús. La vocación fundamental de todo cristiano se descubre en la mirada de Cristo que se posa sobre nosotros, nos ama y nos llama a vivir en relación con Él.
¿Cómo descubrió usted esta primera llamada en su propia vida? ¿Hubo algún momento en el que comprendió que Dios le invitaba a vivir con un propósito mayor?
Me resulta difícil identificar un primer momento. Ha sido más bien un proceso de crecer con Cristo desde niño, de dejarme fascinar por Él en la adolescencia y de querer vivir la vida con Él. Más adelante, ya como joven, al reconocer y hacer memoria de la acción de Dios en mi vida, pude ver con más claridad el camino por el que Él me había llevado y decidí seguirle en la Legión y el Regnum Christi.

Actualmente acompaña a jóvenes en un curso de discernimiento vocacional. ¿Cómo les ayuda a reconocer esa primera llamada a la santidad, antes incluso de identificar una vocación concreta?
El curso está diseñado precisamente desde esta conciencia de la primera llamada a la santidad. De las cinco semanas que dura, dedicamos las primeras cuatro a fortalecer los fundamentos del discernimiento (oración, vida en comunidad, acompañamiento) y a profundizar en la llamada universal a la santidad. En la quinta semana, presentamos la vocación concreta a la vida sacerdotal y religiosa dentro del Regnum Christi, como Legionarios de Cristo.
Ya como joven, al reconocer y hacer memoria de la acción de Dios en mi vida, pude ver con más claridad el camino por el que Él me había llevado y decidí seguirle en la Legión y el Regnum Christi
¿Qué cambios ha visto en los jóvenes cuando descubren que su vida no es una casualidad, sino una llamada personal de Dios?
Dado que trabajo en el ámbito del discernimiento vocacional y de la formación, suelo encontrarme con jóvenes que ya viven con la conciencia de que Dios tiene un plan para sus vidas. Esta conciencia nace del encuentro con Él, llena de asombro y sentido. Sin embargo, también he visto que, si no madura, puede convertirse en una forma de evadir la propia responsabilidad. Algunos jóvenes, pensando que Dios tiene un plan para sus vidas, piensan que Dios ya ha hecho para ellos la decisión sobre sus vidas. La vocación no quita la libertad y la responsabilidad sobre la propia vida. La llamada de Dios no elimina la necesidad del joven de tomar responsabilidad de su propia vida y de tomar las propias decisiones. Cuando el proceso de discernimiento se vive desde una relación viva con el Señor, el joven descubre que Dios, además de llamarlo y guiarlo, respeta profundamente su libertad y la impulsa. La vocación es, a la vez, un don que se recibe y un camino que se elige.

Después de descubrir esa primera llamada, ¿cómo se acompaña el paso hacia una segunda llamada, en su caso en la vida religiosa y sacerdotal?
Muchas veces, este paso se vive con cierta angustia. Los jóvenes que toman en serio su vida cristiana suelen querer concretar esa llamada en un camino específico, y sufren al no tener claridad sobre su futuro. Por eso, considero fundamental la figura del acompañante, que les ayude a vivir con serenidad esa incertidumbre y a caminar hacia una respuesta libre y madura.
¿Cuáles son hoy, a su juicio, los principales desafíos que enfrentan los jóvenes en el momento de escuchar y responder a Dios?
Puede sonar fuerte, pero creo que uno de los mayores desafíos es el narcisismo al que empuja la sociedad actual. Tanto el individualismo como la huida del diverso privan al joven de la capacidad de descubrir y responder a la llamada de Dios. Toda vocación nos saca de nosotros mismos, nos lanza hacia lo desconocido. Si el joven no es capaz de un encuentro auténtico con el otro, difícilmente podrá descubrir su vocación. Y menos aún seguirla, porque es precisamente la belleza del otro, en su diferencia, la que nos impulsa a salir de nosotros mismos y entregarnos.

Toda vocación nos saca de nosotros mismos, nos lanza hacia lo desconocido. Si el joven no es capaz de un encuentro auténtico con el otro, difícilmente podrá descubrir su vocación. Y menos aún seguirla, porque es precisamente la belleza del otro, en su diferencia, la que nos impulsa a salir de nosotros mismos y entregarnos.
¿Qué papel desempeñan la comunidad, la oración y el acompañamiento espiritual en este proceso de discernimiento vocacional?
Para mí, son fundamentales. Son los espacios donde se desarrollan las capacidades necesarias para descubrir y seguir una vocación. La oración, como relación con Dios, me permite conocerme en verdad: limitado, pero profundamente amado. La comunidad me enseña a salir de mí mismo, a convivir con quien es distinto y a amar al hermano por lo que es, no por lo que me aporta. Y el acompañamiento, como encuentro con alguien que camina a mi lado, me ayuda a verme con más claridad, a ganar seguridad en el camino y a asumir con responsabilidad mi propia vida.
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