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La experiencia personal del amor de Cristo genera en nuestro corazón la urgencia interior de entregarnos apasionadamente a hacer presente su Reino: «caritas Christi urget nos» (2 Co 5, 14). Esta pasión nos mueve a asumir un estilo de vida que se caracteriza por:
1.º asumir como parte del seguimiento de Cristo el combate espiritual, la lucha perseverante y confiada en el Señor ante la realidad del mal y del pecado en la propia vida y en la sociedad, movidos por la fuerza del amor hasta el extremo;
2.º emprender con corazón magnánimo, entusiasmo y creatividad aquellas acciones que hagan presente el Reino con mayor profundidad y extensión;
3.º salir al encuentro de las necesidades más apremiantes del mundo y de la Iglesia;
4.º afrontar con fortaleza y arrojo los desafíos en la vida personal y en el apostolado;
5.º aprovechar con audacia cristiana las oportunidades que se presentan en la propia vida para anunciar el amor de Cristo;
6.º cumplir las responsabilidades asumidas, buscando dar lo mejor de sí mismos tanto en la formación como en el trabajo.



