
Equipos del Regnum Christi | Adriana Fileri, responsable en Ronda-UFV: “Nos hemos convertido en familia las unas para las otras”
LomásRC
Nacida en Venezuela, Adriana Fileri creció rodeada del Regnum Christi: fue alumna del Instituto Andes de Caracas, participó en NET, sus padres formaban parte de la sección de adultos, y más adelante vivió el ECYD en Costa Rica. Su proceso de discernimiento culminó en su incorporación al Regnum Christi durante unas misiones de Semana Santa, el Domingo de Resurrección. Hoy, a sus 23 años, estudia un máster en psicología en la UFV, trabaja en el Highlands Los Fresnos como instructora de formación integral y dirige el ECYD femenino. Además, acompaña como responsable a un equipo formado por 12 jóvenes, la mayoría universitarias, algunas ya profesionales, todas vinculadas al entorno del Regnum Christi Madrid.

¿Cómo sentiste tu llamada personal a formar parte del Regnum Christi?
No diría que fue una llamada como tal. Más bien, a lo largo de los años, tras haber sido parte del ECYD toda mi adolescencia, el Señor me mostraba a través de las personas que mi lugar era este. Tras acabar el ECYD y pasar con mis amigas a Reino, nuestra responsable, Manu, fue una persona clave en mi vida. Me acompañó y creyó en mí cuando ni yo misma era capaz. Nuestro encuentro era mi comunidad de fe, mi minoría creativa donde podía formarme y aprender cómo poner a Cristo en el centro de mi vida.
¿Qué significa para ti ser responsable de equipo? ¿Qué pensaste cuando te lo pidieron?
Pienso en Manu, mi primera responsable de equipo. Puede sonar muy simple, pero Manu simplemente estaba. Cuando necesitaba una conversación profunda, estaba. Cuando necesitaba reír, estaba. Cuando necesitaba llorar, estaba. Cuando necesitaba que me corrigieran, me corregía. Cuando necesitaba ser recordada quién era, me lo recordaba. Manu estaba al servicio de forma personal de cada una.
Para mí ser responsable de equipo es esto: lograr alcanzar la pasividad activa de la Virgen María. La Virgen estaba presente en cada momento, incluso a veces sin hacer ni decir nada, pero cuando tocaba actuar, lo hacía de la forma más asertiva posible. Como mujer que mejor conoce a Cristo, es mi mejor aliada.
Ser responsable de equipo es lograr la pasividad activa de la Virgen María”
¿Cómo ayudas a que cada miembro descubra su propia relación con Dios y con el conjunto del Regnum Christi?
Es una cuestión que me da vértigo, porque creo que la relación con Dios es lo más personal e íntimo que tenemos. Sin embargo, como responsable de equipo, lo que intento transmitir a mis amigas es que el secreto está en la Palabra, en la Palabra viva. Es allí donde Dios nos está hablando, nos habla desde ella. Es el punto de partida de nuestra relación con Él. Porque cuando conozco a una persona, le hablo, me habla… y así nos conocemos. Pues con Dios es igual: es a través de la Palabra donde realmente surge esa relación, donde empiezo a conocerle, a entender cómo me habla a través de mi historia, y a intuir cuándo es Él quien me está hablando.
Esa relación personal se va formando poco a poco. Por eso, invito a mis amigas a acercarse a ella a través de la Palabra y de ratos de oración. Intento, con mi ejemplo, mostrarles que es posible, y que el Señor nos habla mucho a lo largo del día: solo hay que saber escuchar. Y el Regnum Christi es el grupo, la comunidad, que nos encamina a forjar esa relación con Cristo y a ponerle en el centro de nuestra vida.

¿Qué tipo de apostolados realiza tu equipo? ¿Hay alguno que haya marcado especialmente su camino?
Tengo que ser muy honesta: no tenemos un apostolado en común. Nuestra realidad no nos lo permite. Algunas seguimos con los estudios universitarios, otras tenemos distintos horarios de trabajo —turnos de mañana, de tarde—, o estamos en etapas diferentes de la vida, lo cual hace difícil juntarnos para llevar adelante un apostolado común.
Por eso hemos puesto como objetivo que nuestro apostolado sea lo que cada una vive en su realidad concreta. Si en un momento lo que toca atender es a la familia, entonces allí está el apostolado. Si es en el trabajo, con los compañeros, allí también se da testimonio. Y luego, algunas colaboran en iniciativas específicas: por ejemplo, Isa Delgado participa en Kénosis, Rebeca Núñez en comunicación, María Mateo en formación… todas en diferentes apostolados.
Creo que allí nos entregamos y ejercemos la caridad. No obstante, también reconocemos que es un punto a mejorar. No somos perfectas y necesitamos seguir creciendo. Nos gustaría poder encontrar, al menos una vez al semestre, la oportunidad de hacer un apostolado juntas como equipo.
El secreto está en la Palabra, allí comienza nuestra relación con Dios”
¿Cómo os acompañáis unas a otras en la perseverancia en la fe?
Creo profundamente que todas rezamos las unas por las otras. Nos tenemos muy presentes en la oración. Además del momento de Encuentro donde nos reunimos, ponemos a Cristo en el centro, escuchamos la Palabra e intentamos descubrir qué nos dice y a dónde nos envía, también nos apoyamos mucho en la oración personal.
Entre nosotras sabemos cuidarnos. Y, en realidad, ahí es donde más aprendemos, porque no somos perfectas. Pero, por ejemplo, Cris es muy detallista y sabe cuándo alguna del grupo está pasando por una dificultad. Entonces se acerca, la atiende, y entre todas intentamos estar pendientes. Sabemos leer las necesidades de las demás y llegar a tiempo.
Eso es algo que valoro mucho de nuestro grupo: sabemos cuidarnos, nos conocemos en profundidad. Muchas hemos vivido juntas, y como muchas de nuestras familias no viven en Madrid, nos hemos convertido en familia las unas para las otras. En la fe, eso ayuda muchísimo. Porque realmente somos como una familia: cuando necesitamos elogiarnos, lo hacemos; y cuando es necesario corregirnos, nos corregimos. Y eso, sumado a los momentos de oración compartida, nos fortalece muchísimo.

¿Puedes compartirnos alguna “buena práctica” que os ayude en la vida de equipo?
Puede parecer algo muy simple, pero para nosotras es clave: quedar al menos una vez al mes, celebrar nuestros cumpleaños, salir a cenar o simplemente tomarnos algo juntas. La integración es una parte fundamental de nuestro equipo. Esos momentos para relajarnos, tomarnos una cerveza, hablar de lo que duele de la vida o también de lo que nos alegra, dar gracias a Dios… todo eso nos une muchísimo.
Como laicas, es importante tener ese espacio para descansar junto a amigas que también ponen a Cristo en el centro. Y lo mejor es saber que, si en algún momento se me escapa una crítica, sé que mi amiga me dirá: “Eso ahora no toca”. Eso nos da mucha tranquilidad y confianza. Con mi equipo puedo ser yo misma. Después de una semana intensa, puedo reírme, disfrutar y simplemente estar con ellas.
Los momentos de integración son clave en nuestra vida de equipo, porque nos queremos mucho, nos tenemos mucho cariño y nos cuidamos. Creo que también experimentamos la amistad como una forma de vivir el misterio de la cruz de Jesús. Cuando lo compartimos con los amigos, ese misterio se hace vida, y en nuestro equipo se vive de una forma muy potente.
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