Escribiendo | Icono de la Anástasis | Cristo, tras morir en la cruz, desciende a los infiernos para liberar a Adán, Eva y toda su descendencia

ESCRIBIENDO Anastasis

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“Escribiendo” es una sección que, de la mano del P. Michael Canzian, L.C., y otras personas, nos adentra en la liturgia vivida, con Jesús presente en ella, a través de los iconos. El icono que se ha escogido para la Pascua es el de la Anástasis.

En este vídeo, el padre legionario de Cristo Michael Canzian lee una antigua homilía sobre el Sábado Santo. En ella se narra cómo Cristo, tras morir en la cruz, desciende a los infiernos para liberar a Adán, Eva y toda su descendencia.

 

El icono presenta a Cristo resucitado derribando las puertas del Hades mientras que sujeta a Adán y Eva de la mano, liberándoles al fin.

 

Tras ellos, se encuentran todos aquellos que profetizaron y esperaron la venida del Mesías, grandes figuras, desde Abel hasta Juan Bautista.

Aquí tienes la homilía entera:

 

Descenso del Señor a los infiernos

¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al Abismo.

 

Va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida. Quiere visitar “a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte”. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva.

 

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo, nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: “Mi Señor esté con todos”. Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: “Y con tu espíritu”. Y tomándolo por la mano lo levanta diciéndole: “Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz”.

 

Yo soy tu Dios que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: ‘Salid’; y a los que se encuentran en las tinieblas: ‘Iluminaos’; y a los que duermen: ‘Levantaos’.

 

A ti te mando: ‘Despierta tú que duermes’, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el Abismo; ‘levántate de entre los muertos’, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

 

Por ti yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al Abismo; por ti me he hecho hombre, ‘semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos’; por ti que fuiste expulsado del huerto he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado. Contempla los salivazos de mi cara que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas que he soportado para reformar de acuerdo con mi imagen tu imagen deformada.

 

Contempla los azotes en mis espaldas que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados que habían sido cargados sobre tu espalda. Contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero; por ti los he aceptado, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido. Dormí en la cruz y la lanza atravesó mi costado por ti, que en el paraíso dormiste y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del Abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

 

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilará; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva”.

 

El trono de los querubines está a punto, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos, se han embellecido los eternos tabernáculos y las moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad.

 

De una homilía antigua sobre el grande y santo Sábado, tomada de la Patrología Griega de Migne, volumen 43, páginas 439, 451, 462-463, y que se reza en el Oficio de Lecturas del Sábado Santo.

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