Galardón Alter Christus de Pastoral Social | Don Miguel David Pozo, sacerdote de Córdoba: “La Iglesia es la caricia constante de Dios al mundo”

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“Los pobres son la presencia viva de Dios”. Con esta convicción, el sacerdote diocesano Miguel David Pozo León, párroco en el Polígono Guadalquivir de Córdoba, una de las zonas más pobres de toda Europa, ha recibido el Galardón Alter Christus 2025 en la categoría de Pastoral Social. Su vida sacerdotal, marcada por la acogida, la creatividad pastoral y la cercanía a los más vulnerables, es un testimonio de alegría y entrega.

Nacido en El Carpio (Córdoba) y ordenado en 1994, el don Miguel David ha desarrollado su ministerio en parroquias rurales y barrios urbanos de fuerte exclusión social. Actualmente es párroco de Santa Luisa de Marillac y San Martín de Porres, y arcipreste del Transbetis–Sector Sur. Desde sus proyectos La Puerta Verde y La Maleta de Luisa, acompaña a niños y jóvenes en riesgo, a familias sin hogar y a quienes viven en la calle. “La Iglesia es la caricia constante de Dios al mundo y, en especial, al herido”, afirma.

 

Jóvenes de Puerta Verde y del ECYD llevando la alegría de la fe por las calles de Córdoba
Jóvenes de Puerta Verde y del ECYD llevando la alegría de la fe por las calles de Córdoba durante unas misiones en la parroquia de Miguel David

 

Ha ejercido su ministerio en parroquias muy distintas: desde pueblos pequeños hasta barrios marcados por la exclusión. ¿Qué le han enseñado las personas que ha encontrado en estos más de 30 años de sacerdocio?

Cada pueblo, cada comunidad y cada etapa de mi vida me ha enseñado a vivir desde la urgencia de la entrega, la creatividad en la respuesta y sobre todo el respeto a cada historia. El contacto con personas unas veces agradecidas, otras desde el dolor o la confrontación, pero siempre desde la conciencia de estar creando, nunca conformado con que las cosas sigan igual. Todo es posible al que tiene fe y esa ha sido y sigue siendo el motor de todo lo que hago.

Los pobres son la presencia viva de Dios

Sus actuales parroquianos son inmigrantes, gitanos, jóvenes de la calle, menores con discapacidad… todos los excluidos. ¿Cómo vive su sacerdocio?

Con la conciencia de estar en el centro mismo del corazón de Cristo. Los pobres son la presencia viva de Dios. En lo que un sacerdote hace y lo que deja de hacer ante la urgencia, muchas veces sangrante, de las personas que le rodean, la Iglesia se juega mucho de su credibilidad y el prójimo mucho de su felicidad.

 

En una fiesta en la parroquia para niños
Miguel David Pozo, en una fiesta en la parroquia para niños.

 

Algunos de sus proyectos dedicados a la infancia y la juventud en situación de exclusión social son “La Puerta Verde” y “La Maleta de Luisa”. ¿En qué consisten y cómo nacieron?

Ambos nacen con la idea firme de ser “caricia para el herido” desde el convencimiento de que es el amor lo que cura a la persona.

 

La Puerta Verde es un programa dedicado a niños, adolescentes y jóvenes en exclusión o desventaja social con un lenguaje propio: el juego, la música y la belleza como herramientas para llegar a un corazón herido, a personas con malos hábitos y ayudarles en su crecimiento emocional que les lleve a una meta en felicidad.

 

La Maleta de Luisa se acerca al joven en situación de calle. Procedentes de centros de menores, de otros recursos cuyos plazos han terminado y se ven sin vivienda, o de jóvenes que vienen directamente de la calle. Viven con nosotros mientras estudian, se forman y regularizan su situación; otros pasan una temporada para agilizar su español o conseguir trabajo, y otros pasan algún día suelto para poder ducharse, cenar y dormir tranquilos. A veces son familias con niños que mientras reactivan otros recursos viven aquí para no quedar en la calle o chicos del barrio que los echan de sus casas y pasan un tiempo hasta que solucionamos su situación.

La Puerta Verde y La Maleta de Luisa son caricia para el herido

Desde hace tres años colabora también con el movimiento Nuevos Horizontes. ¿Qué significa hacer un “voto de alegría” como proponen ellos?

Es un “cuarto voto”: la misión de bajar a los infiernos de la persona y llevarla a la gloria de Jesús resucitado. Pienso que fue la Providencia quien me fue marcando ese camino hasta llegar a la consagración que entiendo como motor y estímulo en la misión concreta que la Iglesia me confía en dos de los barrios más pobres de España. El infierno de la droga, de la calle, la violencia, la falta de trabajo y la desesperanza no necesitan de juicios o miradas “desde arriba”, sino de abrazos de igual a igual.

 

Jóvenes del ECYD de distintas localidades de España colaboran cada Semana Santa en la parroquia de don Miguel David; una de las actividades de “Puerta Verde” es ofrecer “abrazos gratis”
Jóvenes del ECYD de distintas localidades de España colaboran cada Semana Santa en la parroquia de don Miguel David; una de las actividades de “Puerta Verde” es ofrecer “abrazos gratis”.

 

¿Cómo puede llevar adelante tanta obra? ¿Quién le ayuda?

Con la cercanía constante de Dios a través de la oración. La vida de comunidad, que dadas las realidades de esta parroquia es pobre, la completo con encuentros de oración y experiencias con otras realidades para no caminar solo y con la hipoteca de la salud, la falta de tiempo y el desgaste severo de unas jornadas de muchísimas horas y una realidad que no da tregua. En la puerta de casa hay constantemente personas que duermen ahí o jóvenes mal nutridos deambulando con un macuto buscando donde parar.

 

Ayuda la oración de muchas personas, el trabajo de un grupo grande de voluntarios. Obispado, cabildo, Ayuntamiento, Diputación Provincial, personas que se acercan y se convierten en la solución para poner la mesa ese día, poder comprar unos vaqueros para que los jóvenes vayan a clase con la misma dignidad.

No hay lugares fáciles, sino curas cómodos

 Miguel David recibe el Galardón Alter Christus de manos de Julian Frommling, consagrada del Regnum Christi y formadora de adolescentes
¿Qué significa para usted recibir el Galardón Alter Christus de Pastoral Social?

Lo que se hace hay que decirlo. No por mérito ni vanagloria, sino por evangelización. La Iglesia no es ni mucho menos lo que en la sociedad han conseguido los medios de comunicación que se crea. La Iglesia es la caricia constante de Dios al mundo y en especial al herido. Ser parte de esa caricia a través de nuestro trabajo pastoral y darlo a conocer ayuda a conocerla y reporta manos que ayudan y vidas que aprenden al trabajar con nosotros. Por aquí han pasado cientos de jóvenes del Regnum entregando su amor y llevándose enseñanzas decisivas para su vida.

 

Don Miguel David, con voluntarios y con jóvenes inmigrantes acogidos por su labor pastoral
Don Miguel David, con voluntarios y con jóvenes inmigrantes acogidos por su labor pastoral.

 

¿Qué le diría hoy a un joven sacerdote que comienza su ministerio y que tiene temor de entregarse en contextos sociales tan duros como los que usted vive?

Si el temor en la entrega de un sacerdote es la expresión humilde de su servicio, bienvenido. Si por el contrario ese temor significa parcialidad en su entrega, elitismo en su ministerio o exclusión de realidades pastorales, nunca será muy difícil llegar a tener ese “olor a oveja” que hace tan santos a muchos pastores.

 

En una ocasión me preguntaron: “¿Qué haría usted si el obispo le destinara a un lugar más fácil?”. Les contesté que no hay lugares fáciles sino curas cómodos. La actitud con la que enfrentas tu destino pastoral es anterior a ese destino. Con un corazón entregado, nunca la entrega será total.

 

 

¿Cuál es su mayor alegría como sacerdote?

La alegría de saber que no he vivido en vano. Equivocaciones, fracasos, heridas, pecado… todo aquello que cabe en la maleta de un mortal. También la emoción en los logros, el afecto recibido, las personas que he conocido; pero el “llenar la vida de vida” es, para mí, como sacerdote, la razón de mi existencia.

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