
Galardones Alter Christus de Vida Parroquial | Francisco Requena y José Antonio Crespo, de Astorga: la clave es “una vida comunitaria con silencio, oración y fraternidad”
LomásRC
- Fotogalería XII Galardones Alter Christus | Flickr
- Retransmisión realizada por el equipo de Comunicación de la Archidiócesis de Valencia
- Video: José Antonio Crespo Franco y Don Francisco Requena García, galardón vida parroquial
- El Regnum Christi reconoce con los Galardones Alter Christus 2025 la entrega de 69 sacerdotes que han sido presencia de Cristo para los demás
La historia de estos dos sacerdotes es también la historia de dos llamadas muy distintas y profundamente transformadoras. Francisco Requena, nacido en Ponferrada y marcado por una fuerte experiencia de conversión dentro de la Renovación Carismática, fue enviado al Santuario de Las Ermitas en 1996, desde donde ha acompañado la vida espiritual de decenas de comunidades rurales. José Antonio Crespo, leonés de Sahagún, dejó su trabajo en la RENFE para responder a una vocación que llevaba guardada desde niño y que se reavivó tras un encuentro decisivo con Dios en Francia. Hoy, ambos atienden juntos 52 pueblos, varias residencias y un hogar de acogida nacido de su propio ministerio, haciendo de la vida parroquial un espacio de cercanía, acompañamiento y esperanza.

Llevan más de tres décadas sirviendo juntos en una zona rural extensa con más de 50 pueblos. ¿Cómo se sostiene la vida pastoral en una misión de tanta amplitud?
A través de una vida comunitaria donde hay silencio, oración y fraternidad.
En una época en la que muchas parroquias rurales sufren la despoblación y la falta de relevo. ¿Qué les da fuerza para seguir adelante cada día?
La alegría de la fe compartida y vivida, tomando como modelo la primera comunidad del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Su ministerio se caracteriza por una pastoral profundamente humana, que une la celebración de la fe con la atención a los más necesitados. ¿Qué han aprendido?
Que desde Dios somos familia y, sea cual sea la historia de cada uno, solo hay que amar con el amor de Dios para favorecer el milagro del corazón nuevo en el hermano que llega.
Los dos comparten una misma historia vocacional marcada por un encuentro fuerte con Dios y la Renovación Carismática. ¿Cómo ha influido esa experiencia en su modo de ser párrocos y evangelizadores?
Con el entusiasmo que supone el descubrir que Jesucristo está vivo, que Pentecostés continúa, que cada persona es, de verdad, familia. Ello nos llevó a entender la vida bajo el protagonismo del Espíritu Santo y a entender que, por encima de cualquier diferencia, somos hijos de Dios y hermanos en Cristo.

En su casa y en su ministerio ha nacido un auténtico hogar de acogida y sanación, que ha dado refugio y consuelo a tantas personas. ¿Qué significa para ustedes ver la parroquia convertida en lugar de misericordia y reconciliación?
Que el amor de Dios no solo gratifica al que lo acoge, sino que favorece la operatividad de los diferentes dones del Espíritu Santo en los hermanos y ayuda a entender la evangelización desde el testimonio de vida.
Si tuvieran que resumir el corazón de su misión en una frase, ¿cómo describirían lo que significa hoy vivir la “vida parroquial” en clave de entrega y esperanza?
Docilidad al Espíritu Santo, santidad de vida.
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