Javierada Everest Monteclaro | Más de cien padres de familia recorren 35 kilómetros juntos “fortaleciendo la fe, la amistad, la fraternidad y la cercanía de Dios”

Peregrinos de la Javierada

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Más de un centenar de padres del Everest School Monteclaro participaron un año más en la tradicional Javierada, una peregrinación de entre 30 y 35 kilómetros que discurre por la Foz de Lumbier. “Llegar al castillo de Javier es un momento de gran emoción, de meta conseguida”, comparte Enrique Muguiro. Una experiencia que une, renueva la fe y fortalece los lazos de la familia Everest.

Organizada por el colegio Everest School Monteclaro, esta peregrinación -iniciada hace trece años por el P. Jacobo Portillo, LC- congrega cada año a más de un centenar de padres de familia y varios legionarios de Cristo. El recorrido, de unos 35 kilómetros, se ha convertido en una cita esperada que combina naturaleza, oración, convivencia y un profundo espíritu de comunidad. “Desde los primeros pasos se percibe un ambiente especial que nos recuerda que no venimos solo a caminar”, afirma Enrique.

 

Amanece para los peregrinos que se encaminan a Javier
Amanece para los peregrinos que se encaminan a Javier.

 

¿Qué significa peregrinar con otros padres del colegio hasta Javier?

Borja: Peregrinar es formar una comunidad en la que cada uno se apoya en quien tiene a su lado. Tanto cuando fallan las fuerzas físicas como cuando se necesita un empujón espiritual para llegar a la meta, que al fin y al cabo es la vida misma.

 

Jaime: Al hacerlo cada año me anima a ponerme propósitos ante el santo entre Javierada y Javierada. Es un fin de semana para compartir y darse a los demás, y recordar la importancia de sentirse acompañado en el camino de la vida. Los que lo conocen repiten cada año por el gran ambiente que hay y la experiencia vivida.

 

Enrique: Según transcurren los kilómetros y el camino se va haciendo más pesado, esos vínculos se hacen más visibles: en el intento de ayudar y acompañar al que se le nota más débil, al que tiene ganas de abandonar, al que olvida el motivo por el cual está allí. Llegar al castillo de Javier es un momento de gran emoción, de meta conseguida.

 

Peregrinos cruzando el río Irati
Peregrinos cruzando el río Irati.

 

¿Cómo se vive el ambiente del camino -la oración, el esfuerzo, la convivencia- y de qué manera ayuda a fortalecer la fe y la unidad entre los participantes y con el colegio?

Borja: El ambiente del camino es algo realmente especial, difícil de explicar con palabras. Desde el primer momento se percibe un espíritu de alegría y compañerismo, como si fuésemos amigos de toda la vida. Se respira un sentimiento de familia Everest muy auténtico, en el que cada paso se convierte en una oportunidad para agradecer, reflexionar y sentirse más cerca de Dios.

 

Además, esta experiencia refuerza mucho el vínculo con el colegio, porque ves cómo todos caminamos en la misma dirección, compartiendo los mismos valores y acompañándonos mutuamente.

 

Jaime: Es un camino de gran alegría en el que hay tiempo para todo. Hay momentos de silencio y oración, pero también muchos ratos para compartir experiencias, divertirse y disfrutar del paisaje de Navarra.

 

Enrique: Muchos, cuando se inscriben a esta peregrinación, sienten que simplemente será un momento de naturaleza y de compartir un fin de semana agradable. Sin embargo, la propia peregrinación poco a poco va abriendo el corazón a escuchar, de una manera natural y sencilla, la voz del Señor. De manera particular, el rosario rezado por más de cien hombres en los túneles de la Foz de Lumbier impresiona profundamente. Y el viacrucis, cuyas estaciones son dirigidas por los propios padres de familia, permite descubrir la grandeza del interior de quienes hablan y la presencia viva de Cristo en sus vidas.

 

Peregrinos atravesando uno de los túneles del camino
Peregrinos atravesando uno de los túneles del camino.

 

¿Qué frutos o testimonios habéis visto en años anteriores?

Borja: Cada año el camino deja huellas muy profundas. Lejos del ritmo del día a día, podemos reencontrarnos con nosotros mismos, con otros padres que comparten las mismas inquietudes y, sobre todo, con Dios.

 

Dios toca el corazón de cada uno de una forma distinta, pero siempre lo hace: en el silencio de una oración, en una conversación inesperada o simplemente en la belleza del camino. Es una experiencia que une, renueva la fe y nos recuerda que no caminamos solos en la vida. Al final, todos volvemos con el corazón más ligero, más agradecido y con el deseo de llevar esa paz a nuestras familias.

 

Jaime: Cada año surgen frutos y testimonios nuevos, pero lo que pasa en Javier se queda en Javier. En la Javierada pasan cosas… Como en todo, Dios toca el corazón de cada uno de una manera; nadie mejor que Él sabe cómo hacerlo.

 

Enrique: La eucaristía final, celebrada en la capilla del castillo donde nació el patrón universal de las misiones, es el culmen de una jornada en la que se mezclan armónicamente la fe, la amistad, la fraternidad, la diversión, la alegría y la cercanía de Dios.

 

Los 114 padres de familia y cuatro legionarios, ya en Javier
Los 114 padres de familia y cuatro legionarios, ya en Javier.

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