¿Sabes que no eres lo que tienes o lo que haces? Eres un sueño único y original de Dios, que te ama llamándote a la existencia para una vida dichosa y plena por toda la eternidad. En el Regnum Christi queremos formar comunidades que te ayudan a desplegar tu vocación en plenitud.

V

¿Qué significa 'vocación'?

Significa ‘llamada’. Viene del latín ‘vocare’

¿A qué soy llamado?

Soy hecho, soy llamado por Alguien a la existencia

Ǝ

¿Para qué mi existencia?

Para la vida, para la dicha: para ser feliz

¿Cómo logro esa dicha?

Descubriendo que soy don y para quién soy

?

¿Para quién soy?

Para quien me entrego como don

Superando
algunos tópicos sobre la vocación

Te proponemos 11 enfoques que desde la vida entendida como vocación y una cultura vocacional renovada nos ayudan a superar algunos errores de concepto sobre qué es y qué no es la vocación

Error de concepto: Reducir la vocación a un hacer, a un oficio, un empleo, o una tarea concreta.

Cultura vocacional renovada: La vocación tiene que ver más con el SER que con el HACER. Es la identidad y la misión unidas, de modo que uno «es creado, es amado, es llamado». Y es un camino de unión con Dios (santidad), que nos une a todos.

Error de concepto: Considerar lo vocacional como una elección que yo tomo independientemente de todo y de todos, un propósito o sentido a mí mismo de forma totalmente independiente.

Cultura vocacional renovada: La vocación es el «sueño de Dios» para cada persona, una idea-proyecto divina, única e irrepetible, que de hecho expresa y manifiesta un aspecto particular del corazón de Dios. Es algo que se recibe, no que uno se da. Nos constituye como «un yo en relación» con Aquel que nos crea y con todo lo que pone a nuestro alcance para desplegar nuestra vocación-misión.

Error de concepto: Pensar que la vocación es algo de «curas y monjas», o que la pastoral vocacional está orientada exclusiva o casi exclusivamente a las vocaciones sacerdotales y consagradas.

Cultura vocacional renovada: La vocación es para todos. Todos los seres humanos tienen una vocación a la vida y al amor, y todos los bautizados tienen una vocación a la santidad. Las vocaciones específicas (matrimonio, laicado, vida consagrada, sacerdocio) son todas igual de importantes e imprescindibles, y se necesitan unas a otras.

Error de concepto: Creer que la vocación se concreta en un «Sí» en un momento determinado.

Cultura vocacional renovada: La vocación es un camino y un proceso continuo, que se actualiza continuamente en cada paso y en cada etapa de la vida. Toda edad es vocacional. Dios nos llama cada día a dar un paso hacia Él.

Error de concepto: Concebir la vocación como un puente estrecho donde uno arriesga caer en la infelicidad si da un paso equivocado, o como si Dios manejara los hilos de nuestra existencia.

Cultura vocacional renovada: La vocación es una oferta de gracia que reclama la interpretación libre y creativa de la persona. Es un proceso dinámico de respuesta que se va actualizando al enfrentar las novedades de la vida.

 

Error de concepto: Buscar la vocación como algo que «aparece» en un momento determinado o que puede descubrirse a base de pistas y herramientas como si fueran un mapa para encontrar un tesoro.   

Cultura vocacional renovada: El lugar principal para la escucha de la vocación está en la relectura de experiencias pasadas, donde se descubren las «huellas» -llenas de sentido y dicha- de dónde y cuándo Dios hablaba. Se parece más a un retrovisor que ayuda a mirar atrás y ver la dirección adecuada.

Error de concepto: Considerar la vocación como un apéndice de un proceso de maduración o un complemento a la estructura antropológica fundamental.

Cultura vocacional renovada: «Somos vocación». La vocación es constitutiva del ser, es el principio unificador y el eje en torno al cual se integran todas las dimensiones de la persona. Es lo que saca el «yo más auténtico» de cada uno.

Error de concepto: La Iglesia es consciente de que el trabajo vocacional no es una estrategia práctica para reclutar y hacer crecer el número de pastores o de religiosos.

Cultura vocacional renovada: El trabajo vocacional nace de la misión de la Iglesia y está a su servicio. Su fin es ayudar a cada persona a discernir el designio de Dios sobre su vida, a reconocer y realizar su propia verdad para la edificación de la Iglesia. La motivación debe ser la esperanza cristiana, no el miedo a la disminución de vocaciones.

Error de concepto: Una pastoral para «los de casa» (los que ya forman parte de la comunidad).

Cultura vocacional renovada: Se busca una pastoral para «los de los cruces de camino», que vaya más allá de las fronteras conocidas, saliendo al encuentro de los separados y de los que no conocen a Dios.

Error de concepto: Una vida orientada únicamente por lo que «me va» o «me hace sentir bien», buscando la gratificación inmediata y el propio bienestar. Vivir en un «presentismo» que impide una mirada a largo plazo.

Cultura vocacional renovada: La vocación es un camino que sí proporciona sentido y gusto, pero esos que se encuentran en la entrega sincera de uno mismo a los demás. Implica libertad para elegir, para asumir responsabilidades, renunciar a algunas cosas, mirar a largo plazo con paciencia y valorar la fidelidad y constancia en los compromisos duraderos.

 

Error de concepto: Creer que la vocación se concreta únicamente en un «Sí» o en una decisión aislada en un momento determinado de la vida donde en un único acto de elección escoges un «estado de vida» (matrimonio, vida consagrada o sacerdocio).

Cultura vocacional renovada: Toda edad es vocacional.
La vocación es un proceso dinámico de respuesta a Dios que se va configurando y profundizando continuamente a lo largo de la existencia. La persona responde a su vocación no en un único «Sí» en un momento determinado, sino en cada paso que supone actualizar ese «Sí». Se experimenta como una realidad continua y cotidiana, pues Dios nos sale constantemente al encuentro y nos llama cada día a dar un paso hacia Él.

10 rasgos
de la vocación

Ser laico y casarse son también una vocación. Y toda edad es vocacional: a los 40 también te preguntas… ¿para quién soy? ¿a quién estoy llamado?

Estos rasgos puedes encontrarlos explicados con más amplitud en la Conferencia ¿Para quién soy?, en el apartado «Recursos»

La felicidad y plenitud de quien eres provienen de la relación fundamental con el origen de la vida, con quien te ha llamado a la existencia, y no es el resultado de una elección solitaria.

No es una decisión aislada en la que corres el riesgo de “caer” en la infelicidad eterna si das un paso equivocado. Es un camino. No es un guion escrito: reclama tu interpretación libre y creativa. 

La vocación es el eje entorno al que se integran todas las dimensiones de la persona.  No es un extra. Actúa como principio unificador, ayuda a desplegar el «yo más auténtico» y a realizar lo anhelos más hondos.

Hay quienes buscan y no encuentran, pero todos tenemos vocación. Trabajar para ayudar a tantas personas a escuchar para descubrir.

La vocación actúa como una brújula que orienta las elecciones y marca la dirección, señalando un norte en lugar de indicar los detalles específicos como hace un GPS

Vas respondiendo (en gerundio) al ir haciendo camino. Es un proceso dinámico en el que el «sí» se actualiza continuamente al enfrentar las novedades y los contextos que trae el paso del tiempo.

Somos un yo en relación, y la vocación es comunitaria porque la dicha -la felicidad- es imposible sin los otros.  Nos recuerda que formamos parte de una fraternidad universal.

Tiene carácter personal y dialógico, de manera que es don que convoca a una tarea; no es una llamada etérea, sino que pide concreción, y respuesta.

No aparece en un momento ni se descubre a base de pistas, sino en la relectura de experiencias pasadas donde descubres ciertas “huellas” (llenas de sentido y dicha) que indican que Dios estuvo ahí.

Tiene carácter de perpetuidad pues el amor en su entraña esconde una dinámica que apunta a lo eterno. La felicidad se encuentra en la fidelidad y constancia de los compromisos sólidos y duraderos.

4 dimensiones
de la vocación

Puedes ampliar la explicación de estas dimensiones en el ensayo «Aquí estoy, porque me has llamado» sobre cultura vocacional en el Regnum Christi.

La vida nos es dada: es don. Y esa es la primera vocación que recibimos: la existencia. Pero, ¿para qué? Tanto quienes tienen fe como quienes no, intuyen que la respuesta a esta pregunta y la clave de la felicidad es acoger el amor y responder con amor. 

Dios llama a veces a las personas a vivir la fe a la luz de un carisma comunitario con unos rasgos, espiritualidad y modo de vivir la misión propios. La persona recibe una fuente de luz a través del carisma común para el discernimiento y despliegue de su vocación específica, sea laical, consagrada, religiosa o sacerdotal.

El cristiano acoge una segunda llamada, la de la fe. Por el bautismo, el cristiano está llamado a ser presencia visible de Cristo en el mundo abrazando el Evangelio, y buscando a la comunión total con Dios que vive en él.

La vocación específica es el modo personal, único e irrepetible en que cada persona encarna el llamado de Dios, de acuerdo con los dones y talentos recibidos, sin que el carisma comunitario agote esta riqueza. La persona se va configurando en una manera peculiar de entrega y una relación única con Cristo.

Los cinco elementos del estilo de vida del Regnum Christi y tu plenitud vocacional

El Regnum Christi, a través de los cinco elementos propios del estilo de vida, te ayuda a desplegar tu vocación como llamada de amor y respuesta en el amor. 

 

Puedes leer más sobre qué es la vocación y cómo vivirla desde el carisma del Regnum Christi en el ensayo «Aquí estoy porque me has llamado».

 

LA VIDA 

ESPIRITUAL

 

… un encuentro con Cristo que nos llama

La vida espiritual es una relación dinámica de amor con Dios. Es un elemento indispensable para el desplegarse de tu vida porque la vida de oración permite un encuentro profundo con Dios, que desea comunicarte sus designios de amor.  La vida sacramental fortalece el deseo de hacer presente a Jesús, a dejarle ser en ti, y renueva constantemente el compromiso de ser testigos de su amor.

EL

APOSTOLADO

 

… un encuentro con Jesús que nos envía

El apostolado es fundamental porque no hay vocación sin misión; en la entrega a la misión se descubre y se fortalece la vocación como misión. Este elemento contribuye poderosamente al discernimiento al invitar a los miembros a hacer experiencias concretas de entrega y a experimentar la alegría de darse, enseñándonos a mirar el mundo como Cristo lo ve. De esta manera, el apostolado ayuda a cada persona a descubrirse llamado y enviado a colaborar con Cristo, llevando a los hombres a la experiencia de la Trinidad.

EL 

ACOMPAÑAMIENTO

… un encuentro con Jesús que camina a nuestro lado

El acompañamiento en el Regnum Christi es inherentemente vocacional, porque ayuda a discernir la propia vocación a la luz del Espíritu Santo en cada momento de la vida. Es un proceso que ayuda a la persona a crecer en libertad y capacidad de donación, a integrar sus experiencias y a encontrar el sentido de su existencia a partir de la llamada personal que Dios te hace. Al caminar junto al acompañado, este proceso busca descubrir y responder también a la llamada a la santidad, a la unión de vida con Cristo en el amor, que cada uno vive desde su estado de vida.

LA

FORMACIÓN

… un encuentro con Jesús que nos hace adquirir sus sentimientos

La formación tiene un fin esencialmente vocacional, ya que busca ayudar a los miembros a descubrir en Cristo el sentido pleno de la vida y a configurarse con Él para cumplir su misión. Este proceso es crucial para liberar a la persona de una concepción subjetivista y para definir la propia existencia como don y llamada, vivida en responsabilidad y libertad: para que cada miembro pueda vivir la vocación a la que el Señor le llama.

LA

VIDA DE EQUIPO 

Y DE COMUNIDAD

… un encuentro con Jesús que nos reúne

La vocación se vive en el seno de la Iglesia, y el Regnum Christi es una familia espiritual y un cuerpo apostólica dentro de la misma. Las comunidades, al estar enamoradas de Cristo y vivir en comunión, son testigos de su amor, creando un ambiente propicio para la maduración de cada vocación.  El equipo se convierte en una comunidad en la que los miembros, como compañeros de camino, se ayudan mutuamente en el descubrimiento y la acogida de la llamada de Dios, manifestando que la Iglesia es una «sinfonía vocacional» donde cada llamada específica muestra su verdad y riqueza.

Cuatro vocaciones, un cuerpo, una misión

Legionarios de Cristo, consagradas, laicos consagrados y laicos

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