
Testimonio | José Tomás: “No imagino mi vida sin los encuentros ni sin los amigos que Dios me ha regalado aquí”
LomásRC
Joseto, valenciano de Ontinyent, trabaja como freelance tras estudiar Marketing y Publicidad, y cursa un máster en EDEM. Llegó a los jóvenes del Regnum Christi gracias a la invitación de unos amigos y a una historia providencial que marcó su conversión. Hoy forma parte del equipo San Judas Tadeo, colabora en Cristo en la Calle y es formador en el departamento de integración. “Todo lo vivido y lo que queda por vivir tengo clarísimo que viene del Señor”, afirma.

¿Cómo conociste el Regnum Christi? ¿Hubo alguna persona o experiencia que te atrajese especialmente? ¿Cómo fue esa llamada?
Antes de conocer el Regnum Christi hubo una historia muy providencial en mi vida. Pasé prácticamente un año conviviendo con un sacerdote, Don Pablo. Éramos vecinos, nos veíamos a diario, y me ayudó mucho en mi conversión y vida.
Un día fui a una pequeña convivencia en El Paraíso, donde coincidí con el equipazo de Aute. Desde el primer momento vi clarísimo que el Señor me había llevado justo allí y no a otro sitio. Me acogieron con una naturalidad increíble y, además, justo buscaban un perfil como el mío. Me integré sin buscarlo desde ese primer día.
Más adelante, ya en Valencia, uno de ellos me invitó a un encuentro… y desde ese día no he dejado de crecer dentro del movimiento. No puedo estar más agradecido. Todo lo vivido y lo que queda por vivir tengo clarísimo que viene del Señor. He encontrado una comunidad que con el tiempo se ha convertido en amigos y hermanos. No imagino mi vida sin los encuentros ni sin los grandes amigos que he hecho allí. Es increíble lo que hace Dios.
La oración y la misa diaria son mi base: me orientan, me dan fuerza y me ayudan a discernir
¿Cómo vives tu relación con Cristo en el día a día desde tu incorporación? ¿Ha cambiado algo en tu vida?
Mi incorporación fue en la fiesta de Cristo Rey, hace apenas unos días, pero ya me siento profundamente agradecido y con muchísima claridad sobre el camino que he elegido. Tengo muy presentes los pilares y trato, con mis limitaciones humanas, de vivirlos de verdad.
Sin embargo, llevo tiempo poniendo a Cristo en el centro. He aprendido que sin su amor yo no puedo amar. La oración y la misa diaria —que no siempre logro mantener— son mi base: me orientan, me dan fuerza, me ayudan a discernir hacia dónde tengo que moverme y hacen que esté en batalla constante.
Además, las jaculatorias me acompañan durante el día y me ayudan a recordar que Cristo está conmigo. Me sirven para ajustar mi actitud, desde sonreír a alguien con quien tengo diferencias hasta evitar quejarme por los platos sin lavar en casa.

“Ser y formar comunidades de apóstoles” es una prioridad del Regnum Christi. ¿Cómo es tu vida dentro de la sección? ¿Qué momentos destacan para ti?
La sección de jóvenes es una pasada. Cada vez veo a más gente acercarse buscando respuestas reales. En la sección se respira una alegría que solo puede venir de Dios. Ver a tantos jóvenes llenando las formaciones, la misa y la adoración es un milagro con los tiempos que corren.
Me sería imposible quedarme con un solo momento. Se me vienen a la mente desde encuentros sencillos de martes hasta viajes a la nieve, pasando por cenas de equipo, apostolados, el retiro de Yiós, formaciones… Y algo muy especial que hacemos en mi equipo: una quedada mensual para comer o cenar y compartir cómo estamos de verdad. Ese espacio nos ayuda muchísimo a crecer juntos y conocernos más en profundidad.
En la sección se respira una alegría que solo puede venir de Dios
¿Qué papel tienen ahora en tu vida la oración, la formación y el apostolado?
Tienen un papel fundamental. Cuando descuido la oración, todo empieza a torcerse. Es el momento en el que escucho a Dios, en el que puedo hablarle y fortalecer mi relación con Él.
La formación va totalmente unida. Siempre me han dicho que no se puede amar lo que no se conoce, y con Cristo pasa exactamente lo mismo. No puedo rezar o querer participar plenamente en la misa si no entiendo lo que allí sucede. La formación ayuda a comprender todo.
En cuanto al apostolado, aunque ahora mismo por tiempo es mi pilar más flojo, he servido en retiros de Effetá y en un movimiento junior he estado muchos años. Al final, se trata de dar gratis lo que gratis hemos recibido. De nosotros depende que las próximas generaciones conozcan a Cristo. Al final, todos los que creemos, alguien nos lo dijo y enseñó antes.

Recomiéndanos un libro, un pasaje del Evangelio o una canción que te hable de Cristo y te llene de Él.
Ahora mismo estoy leyendo El peregrino ruso, que trata sobre la importancia y la constancia en la oración.
Un libro que me marcó muchísimo fue La cena del Cordero, de Scott Hahn. Es perfecto para enamorarse de la Eucaristía y comprender de verdad lo que sucede en la misa. Es impresionante y ayuda muchísimo a vivirla desde dentro.
En música, me encanta Spirit Bird. Es una canción con mucha fuerza y muy profunda.
Y en cuanto a pasajes del Evangelio, mis favoritos son la parábola del Hijo Pródigo y la del Buen Pastor que deja a las 99 para ir a por la que se pierde.
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