
Tras su bautizo, confirmación y primera comunión | Adri: “Cada uno en su vocación está llamado a llevar el amor de Dios a cada rincón del mundo”
LomásRC
Nacido en Madrid y cofundador de la plataforma educativa Genosis, Adri no está formalmente asociado al Regnum Christi, pero asiste con frecuencia a la sección de Almagro para participar en encuentros, misas y adoraciones. “Ahora que sé lo que es vivir así, se me hace imposible pensar en no poder hacerlo con esta paz y felicidad. No la que da el mundo, sino la que Él da”, afirma con convicción.

¿Cómo fue ese proceso interior que te llevó a bautizarte a los veintitantos años? ¿En qué momento sentiste que Dios te llamaba?
Fue un proceso de varios años. Venía de un ateísmo bastante fuerte en mi adolescencia y adultez temprana, además de tener muchos prejuicios contra la Iglesia y cualquier cosa que destilara un mínimo de religión.
Tuve un primer cambio en mi forma de pensar al respecto durante el confinamiento, leyendo un libro póstumo de Stephen Hawking, llamado Breves respuestas a las grandes preguntas. En este libro, le dedica un capítulo completo a sus reflexiones y creencias sobre la existencia de Dios, el cual me hizo replantearme mi ateísmo fuerte, a pesar de ser él una de las figuras defensoras del ateísmo más reconocibles, reputadas y respetadas del último siglo.
Venía de un ateísmo bastante fuerte en mi adolescencia y adultez temprana, además de tener muchos prejuicios contra la Iglesia y cualquier cosa que destilara un mínimo de religión.
Fruto de esta lectura, pasé a una postura agnóstica, de duda, más abierta, sobre todo respecto a la existencia de un creador universal. Mis prejuicios con la Iglesia y la religión los seguí cargando unos años más, hasta que conocí, hace cerca de tres años, a la que hoy en día es mi novia. Una chica católica que, por encima de la etiqueta, de las costumbres, lleva a Jesucristo por bandera: en su hablar, en su actuar y, definitivamente, en su vida, haciendo de esta palabra viva de Cristo.

¿Qué papel tuvo tu entorno -como tu novia o ciertas “casualidades”- en tu apertura a la fe?
Me rompió todos los esquemas y prejuicios que tenía, contagiando su alegría, la alegría de quien se sabe Hija. También, en nuestras primeras conversaciones, cuando hablábamos de cualquier cosa relacionada con Jesús, Dios, la Iglesia… hablaba con una chica inteligente, que sabía razonar y defender aquello en lo que creía, aunque estas charlas no eran tampoco muy habituales. No conocí a la persona polarizada, sin ser capaz de defender mediante la razón sus creencias, tratando de convertir a la fuerza a la persona que tenía enfrente, que en mi cabeza de aquel entonces yo me hubiera esperado.
A pesar de todo lo bueno que he comentado, no fue suficiente. Teníamos una dinámica en la que éramos muy respetuosos con las creencias del otro, convivíamos con ellas, manteníamos conversaciones muy interesantes en las que intercambiábamos reflexiones e impresiones, pero ninguno cambiaba su parecer.

¿Qué sucedió entonces?
El momento en el que todo cambió llegó al cabo de varios meses. Fue un momento personal de reflexión, encontrándome solo en casa -lo cual no suele ser común-, en el que pasaron por mi mente varias citas del libro de Hawking del que hablé antes. Era un libro que había leído hacía años y que había quedado enterrado en mi memoria desde que lo terminé. Me quedé sorprendido en ese momento por este hecho.
Además, venía de unas semanas en las que me estaban sucediendo una serie de eventos que, puestos todos juntos, muy escéptico tendría que ser para achacarlos a la mera “casualidad”. Por ejemplo, un día, sentado en el metro, me fijo en el suelo bajo mis pies, y descubro un papel diciendo “Abre tu corazón a Jesús”. Otro día, hermanos que frecuentan una parroquia que se encuentra cerca de mi casa llaman al timbre y me preguntan si me importa que lean un pasaje del Evangelio al azar, para posteriormente invitarme también a asistir a la JMJ que tendría lugar el verano siguiente.
¿Y qué tiene esto de especial? Me preguntarás. Bueno, es la primera y única vez que ha sucedido esto en mi casa, de los más de veinte años que llevamos compartiendo la parroquia y yo en nuestro barrio.
Estos son solo un par de ejemplos de lo que me sucedió aquellas semanas, los cuales, de manera independiente, no dicen mucho, pero todos juntos, en mi cabeza, hicieron “clic”. Veía la felicidad de mi novia simplemente por saberse hija de Dios, todos los prejuicios que tenía se habían derrumbado como un castillo de naipes, y caí en la cuenta de que no tenía nada que perder por darle una oportunidad a Jesús. “En el peor de los casos, me moriré como todo el mundo habiendo vivido feliz”, recuerdo pensar en aquel momento.
Y bueno, lo demás vino solo. A nada que le abras mínimamente tu corazón a Jesús, Él entra con la fuerza de un huracán. Comprobé de primera mano que arrodillarse a orar servía, comencé a experimentar el amor de Jesús, a ver su mirada cada vez que visitaba el Santísimo. Aprendí a soltar y dejarme llevar por Él, para ver que siempre que lo hacía, lo que Él tenía para mí era mejor de lo que yo había imaginado.
A partir de ahí, nació el deseo de recibir los sacramentos, por lo que empecé a recibir catequesis en la sección de Almagro, el cual ha sido un proceso de aprendizaje y crecimiento espiritual muy importante en mi vida, culminando el pasado mes de mayo tras recibir los sacramentos iniciales.

¿Qué ha supuesto para ti descubrir que Dios no es una idea, sino una persona viva que te ama y te llama por tu nombre?
Vives infinitamente más tranquilo, más feliz. Vivir sabiendo que tienes un Padre que te ama, que te cuida, que te educa, te guía y te protege todos y cada uno de los segundos de tu vida, hagas lo que hagas, es indescriptible. Vives constantemente sabiendo que todo estará bien.
Tomar consciencia de que no es una idea de la que te enamoras, sino que, día a día, puedes experimentar su amor en una mirada, en un gesto, en un silencio, en un olor, en un soplo de aire fresco, en la oración… Ahora que sé lo que es vivir así, se me hace imposible pensar en no poder hacerlo con esta paz y felicidad. No la que da el mundo, sino la que Él da.

Muchas personas hoy buscan sentido, pero no saben dónde encontrarlo. ¿Qué le dirías a un chico o a una chica que está como tú cuando empezaste a descubrir a Dios?
Para mí es imprescindible el saberse amado, el ser consciente de ese amor; el saber que no estás en este mundo por casualidad. De tu mismo padre y madre pudieron haber nacido otros miles de niños, pero no: naciste tú, con nombre y apellidos, tan concreto y único como eres. Fuiste elegido para la vida y para el amor.
Sé que esto puede resultar complicado, pero, yendo más a lo concreto, creo que la gratitud y el darse a uno mismo son dos cosas que no pueden faltar para saberse amado. Vivimos en una sociedad tan acostumbrada a lo bueno, terrenalmente hablando, que creo que damos por hecho muchas cosas en la vida que son un auténtico regalo, y no somos conscientes de ello hasta que faltan.
Vivimos en una sociedad tan acostumbrada a lo bueno, terrenalmente hablando, que creo que damos por hecho muchas cosas en la vida que son un auténtico regalo, y no somos conscientes de ello hasta que faltan.
Un techo bajo el que dormir, un plato de comida, un gesto de cariño de papá, mamá, un amigo, de quien sea… El simple hecho de poder despertar con salud un día más. Son cosas que damos por sentadas, pero que creo que son motivos por los que sentirnos más que agradecidos. Desafortunadamente, tienen que ocurrir desgracias muchas veces para que nos demos cuenta de ello.
Y la parte de darse a sí mismo, de entregarse, es capital. En la vida solo tenemos dos cosas que, por derecho propio, nos pertenecen, que no nos pueden arrebatar mientras sigamos vivos: el tiempo y el amor. Y, sin embargo, a la vez, son las dos cosas que más nos cuesta entregar. Por eso es tan importante hacerlo: es muy difícil poder sentirse amado si uno no sabe lo que se siente al entregar dicho amor.

Ahora que has recibido los sacramentos, ¿cómo entiendes tu vida como vocación?
Como comentaba antes, tengo una fuerte convicción de que estamos en este mundo para algo; que no estamos aquí de paso, ni por estar. Y ese algo es amar. Amar hasta el último aliento, como lo hizo Jesús. Cada uno en su campo, en su vocación, en lo que se sienta llamado a hacer, pero siempre, allá donde estemos, llevando el amor de Cristo a cada rincón del mundo.
Además, creo que somos privilegiados por haber nacido en el contexto histórico y sociocultural en el que vivimos, por lo que tenemos una mayor responsabilidad de llevar el bien y esa Buena Nueva que nos llegó hace más de dos milenios. Y, desde la experiencia, creo que no hay mejor manera de hacerlo que amando como lo hizo Jesús y siendo fieles a sus enseñanzas.

El pasado 30 de mayo recibiste los tres sacramentos de iniciación cristiana. ¿Cómo viviste ese día? ¿Qué queda atrás y qué comienza a partir del Bautismo?
Sinceramente, lo recuerdo como uno de los días más felices de mi vida, si no el que más. Fue un día de fiesta, de celebración, de alegría, de estar como en una nube, pero, sobre todo, un día de profunda comunión espiritual con Dios. Además, lo fue de una manera que me sorprendió gratamente, porque pude sentir esta profunda comunión con cada una de las Personas de la Trinidad de manera distinguida y, a la vez, de manera unificada. Siendo eso lo más importante, también fue un día muy bonito por ver congregada a tanta gente cercana —familia y amigos— independientemente de su fe y de sus creencias, todos juntos compartiendo esa felicidad: la felicidad genuina, esa que sabes, cuando la ves, que proviene del Espíritu.
También es un día que marca un principio y un fin. El fin de una etapa de búsqueda y de conversión, de una etapa preciosa de encuentro con Dios. Y el principio… pues el principio de una vida nueva, como decía san Pablo en su carta a los Romanos. El principio de una vida con la responsabilidad de ser hijo de Dios, de compromiso con el amor y con el Amor, de comenzar a formar parte activa de la Iglesia, de la Esposa de Cristo, de vivir con el Espíritu Santo de tu lado, guiándote en todo momento. En resumen, el comienzo de una vida nueva y plena, una vida de resucitado.
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En tu camino hacia la fe, has estado acompañado por miembros del Regnum Christi de todas las vocaciones. ¿Cómo describirías ese acompañamiento?
El acompañamiento por parte de las consagradas y los legionarios del Regnum Christi no ha podido ser mejor. Ha sido un camino con bastantes baches, a decir verdad, y quienes me han acompañado en él siempre han puesto todo de su parte, de principio a fin.
Fue gracias a un legionario —que ni siquiera me conocía— que pude comenzar a recibir catequesis en la sección de Almagro, una sección más adulta, en la que no es muy común que haya potenciales catecúmenos, ya que la mayoría de la gente ya ha recibido los sacramentos de iniciación.
En el comienzo, fue una consagrada la que nos dio catequesis a otra chica que se estaba preparando para la confirmación y a mí. Con el paso del tiempo, esta mujer se volvió tan importante en mi camino espiritual que terminó siendo mi madrina para todos los sacramentos.
Por una serie de eventos, cuando llegó el verano, a ella la destinaron a otra ciudad, por lo que tuvo que dejar de ser nuestra catequista. Tuvimos ahí un impasse de unos meses en los que no sabíamos muy bien qué iba a pasar con nuestras catequesis.
Finalmente, gracias de nuevo a la actuación de las consagradas y legionarios de la sección de Almagro, y de un voluntario que se ofreció, pudimos retomar las catequesis y finalizar nuestra preparación para recibir los sacramentos.
Además, los legionarios y consagradas del Regnum Christi de la sección de Almagro son todos personas llanas y cercanas, tanto ellos personalmente como en su manera de relacionarse con los demás, tanto de forma individual como en la vida de la sección. Lo cual es ideal para seguir superando el clericalismo que tanto ha afectado a la Iglesia.
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