Veranos RC | Voluntariado en el Monasterio de La Encarnación | Sarah Whitworth: “Lo más bonito, compartir con otros jóvenes que tienen la misma meta: servir a Dios”

Sara, voluntaria en el monasterio de la Encarnación en Avila

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“Buscando por internet misiones católicas en España, encontré una página de Regnum Christi y vi el contacto del P. Arturo”. Así comenzó la aventura de voluntariado de Sarah Whitworth en el Monasterio de la Encarnación de Ávila. Durante su estancia, ha colaborado en diversas tareas: “Limpiar, ayudar a las carmelitas, dar visitas guiadas en inglés y español, traducir y, sobre todo, acoger a los peregrinos”. Su experiencia le permitió descubrir a Dios en los pequeños gestos: “He aprendido a contemplar también en lo sencillo”.

Sarah tiene 20 años y viene de Waco, Texas (EE. UU.). Estudia en Texas A&M University una carrera en Liderazgo y Desarrollo en Agricultura, con especialización en Arte. Además, estudia español porque le apasiona conocer otras culturas y servir en proyectos internacionales.

 

¿Cómo conociste el voluntariado en el Monasterio de la Encarnación?

Buscando por internet misiones católicas en España, encontré una página de Regnum Christi y vi el contacto del P. Arturo. Le escribí sin saber muy bien si iba a salir algo, pero me respondió. Nos explicó un poco, aunque veníamos sin tener todo claro, decidí venir junto a mis amigas.

 

Sara trabajando en la tienda del monasterio
Sarah ayudando en la tienda del monasterio.

 

¿Puedes compartirnos algunas vivencias que hayas tenido aquí?

Lo más bonito ha sido compartir con otros jóvenes que tienen la misma meta: servir a Dios. Hemos conocido a gente de Ávila y de muchos otros países. Cada cena era como en familia, y se sentía un ambiente de fe muy fuerte alrededor del monasterio. Sentíamos que estábamos en casa.

 

Además, he hecho un poco de todo: limpiar, ayudar a las carmelitas, dar visitas guiadas en inglés y español, traducir y, sobre todo, acoger a los peregrinos. Conocí a una profesora de Boston que estudió toda su vida a Santa Teresa, y ver su emoción me hizo valorar mucho más todo esto. También conocí a personas de Honduras, donde estuve de misión, y fue muy especial.

 

¿Qué te llevas a casa de este voluntariado?

Me llevo el valor de estar presente, de vivir cada momento con entrega, aunque sea limpiando en silencio. Aquí he aprendido a contemplar también en lo sencillo. Me voy llena, con la certeza de que esta familia de fe y servicio me ha dejado una huella profunda que me acompañará siempre.

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