María es de Madrid y cursa 4.º de Teología en la Universidad Eclesiástica San Dámaso y colabora como equipo auxiliar del ECYD Everest. Ella resume su historia como un camino donde la fe y la vida han ido de la mano: “Conocí a Jesús gracias a mis padres… como un amigo cercano, entrañable, humano”. De su colegio, Highlands School El Encinar -explica-, “disfruté cada minuto de los trece años que estuve, fue mi segunda casa, mi familia extendida, donde me acompañaron y donde me convertí en la mujer que soy hoy”. Además, en esta entrevista repasa, en otros temas, la importancia de la vida de comunidad: las consagradas son “mis hermanas, son mis prójimos, mi Jesús encarnado”.

¿Cómo te sientes en estos días, en vísperas de emitir tus votos definitivos? ¿Cristo sigue sorprendiéndote en esta carrera de fondo?
Estoy muy contenta. Siento el vértigo de la primera vez que escuché la llamada del Señor, pero de una forma nueva. Cuando escribí la carta de admisión a votos definitivos y después recibí la aprobación, sentí como si el Señor me estuviese llamando como la vez primera. Sentí un asombro enorme de que me llamase para ser suya. Y eso que llevo ya seis años siendo consagrada con votos temporales. Pero la confirmación por parte de la Iglesia me llegó como un nuevo “te quiero para mí” del Señor, de una forma muy fuerte. Desde ese día, las palabras “todo” y “para siempre” resuenan en mí con mucha fuerza.
Jesús me sorprende este último tiempo con un regalo enorme: el experimentarme a mí misma feliz ante lo que Él va queriendo que sea de mí. Feliz ante algo que va contra la lógica humana: que la voluntad de Otro sea la que me va haciendo, sea la que me construye.
En el colegio fue fácil darme cuenta de que estaba en casa, que el Regnum Christi era mi carisma
¿Cómo conociste a Jesús? ¿Y cómo fue tu camino hasta el Regnum Christi?
Conocí a Jesús gracias a mis padres, que me lo presentaron desde niña como un amigo cercano, entrañable, humano, al que le interesaba todo lo que yo sentía o me sucedía. Nunca estaba sola: Él siempre estaba conmigo. Después, en el colegio y en el ECyD esta amistad se hizo aún más grande, pues encontré en ellos el lenguaje con que mi corazón hablaba con Dios. Disfruté cada minuto de los trece años que pasé en el Highlands Encinar; fue mi segunda casa, mi familia extendida, donde me acompañaron y donde me convertí en la mujer que soy hoy.
En el colegio descubrí mi vocación a ser apóstol. Me salía natural el querer y buscar que todos disfrutasen lo que yo disfrutaba de la amistad con Jesús. Quería que todos mis amigos fuesen a comunión en el cole, a misiones de Semana Santa, a Solnight. En medio de esta alegría que vivía, fue fácil darme cuenta de que estaba en casa, que el Regnum Christi era mi carisma. Y me hice miembro en un retiro al que fui con algunas amigas en 2° de Bachillerato, en casa de las consagradas.

¿Cómo descubriste que el Señor te llamaba a la vida consagrada en el Regnum Christi? ¿Recuerdas cómo fue tu ‘sí’?
Lo descubrí con 14 años, en 3° de la ESO, en una esquiada del colegio… jaja. Fue la primera vez que sentí la llamada del Señor, una voz dentro de mí que me decía: “Quiero que seas mi consagrada del Regnum Christi”. Fue en el autobús, volviendo de las pistas. Llegué traumatizada a la misa que teníamos al llegar al hotel… jaja… pero fue lo mejor que me pudo haber pasado. En aquella misa cantaron la canción de Getsemaní, no lo podré olvidar. Y volvimos al colegio la semana siguiente y… ¡semana vocacional! Jaja… casi me muero. Pero sí, ese fue el inicio de un precioso camino que duró algunos años hasta que, cumplidos los 22, el Señor me mostró muy clara su voluntad de ser Él el único amor de mi corazón. Pues los años de universidad habían sido años de mucha búsqueda, de idas y venidas en el deseo de ser toda del Señor, ¡hasta que Él venció!
Tengo la gracia de vivir rodeada de mujeres que viven con la vida entregada, gastada por y para el Señor, que se han creído hasta las últimas consecuencias que el Señor es lo único que basta
¿Qué significa para ti tener una relación esponsal con Jesús? ¿Cómo la vives?
Para mí significa el vínculo que me une con Él. Significa que todo lo que importa sucede entre Él y yo, que todo me lo juego ahí. Significa que vivo solo para una mirada, la de Él. Una mirada que ve lo que nadie más ve, porque ve lo que sucede en lo escondido. Creo que ahí está la alegría profunda de la esposa, en que Cristo, el Esposo, ve su amor oculto, ¡solo Él! Y eso basta, eso la hace libre.

¿Qué papel ha jugado tu familia en tu proceso vocacional? ¿Cómo vivieron tu decisión?
Fundamental. Mi familia es el lugar de mi llamada, donde he aprendido a amar a través del amor que he recibido. En mi familia aprendí la sobreabundancia de vida y felicidad que traen los planes de Dios (no los propios) cuando llegó a nuestras vidas nuestro hermano pequeño Igna con síndrome de Down. La vida consagrada tampoco era mi plan, pero Dios tiene caminos de felicidad infinitamente mayores que los que yo misma jamás me hubiera podido construir.
A mi hermana es a la que creo que más le costó que me fuera. Éramos las únicas chicas en casa y solo nos llevamos un año; hacíamos todo juntas y, para entonces, ya éramos las mejores amigas. Misteriosamente, esto a día de hoy no ha hecho más que aumentar. Dios tiene maneras preciosas de hacernos felices, nunca como las que nos hubiéramos fabricado nosotros solos.
Ver a los adolescentes descubrir el amor de Dios en sus vidas y verlos descubrirse a sí mismos portadores de ese amor para otros, un milagro en directo
¿Cómo ha sido la experiencia de comunidad en tu camino vocacional? ¿Qué papel juega hoy tu comunidad en tu vida consagrada?
La comunidad ha sido a lo largo de estos años un lugar de muchísimo aprendizaje, de conocerme a mí misma, de conocer a Dios. La comunidad ha sido mi gran “otro”, ese que me ha salvado tantas veces de la autorreferencialidad, del aislamiento, del hacer las cosas a mi manera, que me ha mostrado que hay una voluntad que es más preciosa para mi vida que la mía propia: la de Jesús. Mis hermanas de comunidad son mis prójimos, mi Jesús encarnado en formas que yo no he escogido, ¡pero que son mi mayor bien!
Tengo la gracia de vivir rodeada de mujeres que viven con la vida entregada, gastada por y para el Señor, que se han creído hasta las últimas consecuencias que el Señor es lo único que basta. Con ejemplos así, uno tiene que correr para no quedarse atrás jaja. La verdad, mis hermanas mayores hacen que resplandezca ante mí la belleza de la vida consagrada, hacen que quiera vivirla con todo su significado.

¿Qué papel ha jugado la familia Regnum Christi (legionarios, consagradas, laicos consagrados y laicos) en tu vocación?
Esencial. La familia Regnum Christi me ha ayudado a encontrar mi lugar. En la relación con cada una de las ramas he descubierto la belleza de lo que soy yo y de lo que significamos los unos para los otros en nuestro camino al cielo. Es precioso necesitarnos. Celebrar la vocación del otro.
Pues la verdad monísimas, varias vienen a la misa de votos definitivos e incluso alguna va a cantar con Kénosis
¿Cómo vives tu apostolado en el ECYD de chicas del Everest?
Feliz. Ahí cobra sentido todo. Ver a los adolescentes descubrir el amor de Dios en sus vidas y verlos descubrirse a sí mismos portadores de ese amor para otros, un milagro en directo. Disfruto muchísimo de la labor formativa que tenemos con ellas, es apasionante.
¿Cómo están viviendo las chicas del ECYD esta celebración tuya?
Pues la verdad monísimas, varias vienen a la misa de votos definitivos e incluso alguna va a cantar con Kénosis. Cuando estoy con ellas, me veo a mí cuando estaba en esa etapa del colegio, vestida con el mismo uniforme, sedienta del mismo Dios que ellas. Es muy bonito estar en mi propia ciudad por ese tipo de cosas.
¿Qué le dirías a una chica o a un chico que está discerniendo si Dios lo llama a la vida consagrada?
Que lo único que vale la pena y nos hace verdaderamente felices en esta vida es amar. Y que encontrar tu lugar para hacerlo es la aventura más emocionante de la vida. Jesús conoce nuestro corazón.

Pim Pam Pum
- Pasado: agradecida
- Presente: pleno
- Futuro: con Jesús
- Votos definitivos: siempre
- Comunión: quiero
- Laico: hermano
- Legionario de Cristo: misericordia
- Consagrada: camino
- Consagrado: fermento
- Jóvenes: motor
- Tú familia: tesoro
- Tú país: la leche
- Jesús: mejor amigo
- Anillo: pertenencia
- Misión: apasionante
- Iglesia: esposa
- Sufrimiento: amor
- Vida: libre
- Apostolado: vida
- Canción: A ti te alabo, de Hakuna
- Libro: Autorretrato con radiador, de Christian Bobin.
- Película: Del infierno a Texas
- Color: azul
- Tu santo o santa preferido: María Magdalena















